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Wednesday, December 25, 2013

"Il ne parle que du bon Dieu" (American Horror Story: Asylum - Temporada 2 - Ryan Murphy - 2012)

Menos fantasmas, más tripas, un reparto diferente y más jugado. Otro lugar, otro tiempo.

La segunda temporada de "American Horror Story - Asylum" redobla la apuesta y va por más. Cuenta una historia totalmente diferente en todos los sentidos. Los monstruos en esta entrega de la serie son (casi todos) humanos. Tan humanos son y tan enfermos están que el Diablo (que anda por ahí) tiene muy, pero muy poco trabajo. En  "American... Asylum" todos están muy mal de la cabeza. Eso sí que se sostiene. Y la manera de comunicar con la cámara y el montaje.

Una cosa advertiré: hay que tener paciencia. Porque la primera secuencia parece extraída de una de esas películas onda found footage ("Holocausto Canìbal", "Blair Witch" y todo el resto de bazofia de horror del Siglo XXI) que asustan al espectador pochoclero durante diez segunditos como mucho. Del mismo modo, los cuatro primeros episodios parecen muy, pero muy traídos de los pelos. A no dejarse caer, porque todo, todo se empieza a acomodar a partir del quinto episodio y ahí ya no te podés soltar.

"American... Asylum" transcurre mayormente durante el año del Señor de 1964, en un manicomio de espanto llamado Briarcliff, que regentea la Hermana Jude (Jessica Lange) y donde la terapia (por así decir) está a cargo del Dr. Arden (James Cromwell). El hospital ha sido antes un sanatorio de tuberculosos, pero esto es casi casi anécdota: Como dije, aquí escasean los fantasmas. Aquí los monstruos son bastante más terrenales que los de la primera temporada. Y es que "American... Asylum" trata ni más ni menos que sobre la locura. También sobre la religión y sobre el poder, sí, pero el centro de todo es la locura. Es lo sencillo que resulta perder ese hilito tenue que te dice que ésto sucede porque aquello, y sobre cómo, cuando esa hebra de repente no está (y debo decirte que muchas veces no está, pero hacemos como que sí), uno queda a merced de quien quiera contar la historia. En "American... Asylum" todos, especialmente los que obran de cuerdos, han perdido el hilito.


"American... Asylum" tiene una mirada feroz sobre los años '60 del siglo pasado: una época en la cual la homosexualidad era sometida a tratamiento, en la cual las uniones entre personas de diferente raza debían mantenerse en secreto y en la que la libertad sexual se pagaba muy cara. Eran años en los cuales la Guerra Fría alcanzaba temperaturas de espanto, donde el pánico nuclear era tangible y la invasión extraterrestre estaba a la vuelta de la esquina. Y uno se pregunta si algunas cosas habrán cambiado tanto. De eso hablaremos en otro lugar, pero al menos a un servidor la serie le invita a pensar si no estaremos en lugares perecidos hoy día, aun siendo todo lo correctos que somos.

El arte vuelve a ser cuidadísimo y bellamente llevado (Ellen Brill, te queremos. Andrew Murdock, te aplaudimos). Lo mismo la luz, lo mismo el montaje, lo mismo el peinado y el vestuario. Los escenarios son opresivos y hay muy pocos exteriores. Cantamos y cantamos loas al guión, hecho a medida de un reparto de monstruos: Jessica Lange y Evan Peters vuelven, con otros  personajes. Se suman James Cromwell, Joseph Fiennes, Chloë Sevigny (hace de ninfómana, oh yeah), Sarah Paulson, Zachary Quinto, Lily Rabe (una actriz del carajo, de verdad), Naomi Grossman (Pepper, un milagro de maquillaje), Franka Potente, Frances Conroy que reaparece con Dylan McDermott... En fin. Una maravilla igual y enteramente diferente, enteramente subjetiva, profunda, sensual, explícita, bella, aterradora, monstruosa. En "American... Asylum" lo que sucede te puede pasar, y eso va más allá de la infidelidad, el egocentrismo, la mezquindad y los fantasmas de la primera, brillante, temporada.

Si después de ver ésto les ha quedado ganas de ver la serie, sean bienvenidos a Briarcliff.

Nota: Este post está dedicado a mi hermanita del alma, Pat, con quien compartimos risas y llantos, Because The Night, y porque compartimos terrores y hebras perdidas. Te quiero, entre otras cosas porque escucho "Dominique" y sé que te encanta ese momento.

Abrazos.