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Tuesday, June 14, 2011

"Llueve. Vayamos debajo de aquel árbol" ("Cassandra's Dream" - Woody Allen, 2007)


Dos hermanos, Ian (Ewan McGregor) y Terry (Colin Farrell) compran un barco de segunda mano: "El sueño de Cassandra", se llama el barco que da título a esta pieza shakespereana de Woody Allen. Porque además de ser una película profundamente moral, tiene aquellos bellos giros del diálogo que sirven para cambiar la escena, para cambiar el tópico, para introducir un personaje (estilo "¡Calla! ¡Aquí llega el Rey!").
Pero el encanto de "Cassandra's Dream" no radica (al menos no tan sólo) en los diálogos. La línea argumental es bien fuerte. Los hermanos tienen problemas de dinero, derivados por un lado del hábito del juego (Terry) y de los hábitos de las novia que cuestan más de lo que valen (Ian). Cuando un profundo e insalvable bache económico los ajusta, ambos hermanos se encuentran ante el encargo de comenter un crimen, a cambio del cual todos sus problemas habidos y por haber se verán solucionados.
La película evoluciona de manera natural, de aquí en adelante, y no quedará un sólo lazo que no sea afectado por la decisión que los hermanos tomen.
Tanto Farrell como McGregor están fantásticos. Se lucen Clare Higgins (la madre de ambos) y Tom Wilkinson (el rico tío Howard, de dudosa honestidad). La excelente música es de Phillip Glass. Y otra cosa, la cámara se mueve, sigue la acción, es parte de la acción. Hay algunos barridos que son milagrosos. Bueno, es Woody Allen.
Una chica que sabe mucho de estas cosas y que es una gran expectadora, me ha dicho que, en contraposición a la total amoralidad de "Match Point", "Cassandra's Dream" es el otro plato de la balanza. Es una muy buena apreciación.
Para verla, recomiendo la compañía de alguien que sea buen expectador.
Saludos

Wednesday, June 8, 2011

"...o andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres, que lo demás no importa." ("Revolución", Leandro Ipiña -2010)


"Revolución" es una película de ficción histórica que narra el cruce de la Cordillera de Los Andes por parte de un ejército de seis mil hombres, al mando del General José de San Martín, a principios de 1817. "Revolución" es conmovedora por varios motivos. Ya desde el comienzo, la música y las imágenes de esa muralla natural de apariencia inexpugnable, nos dan una idea de la dimensión de la gesta sanmartiniana. De San Martín y su ejército: un ejército popular, formado por lo más noble de este suelo: gente pobre, gauchaje, indiada y negros libertos. Mientras que en Buenos Aires se cocinaban los negocios de la naciente oligarquía, desde Cuyo y desde el Sur de Chile, alimentado por un fervor que sólo puede sentir el pobrerío oscuro, se levantaba el gigante que habría de tener el coraje de cruzar los Andes para hacerle la guerra al godo: Un San Martín irascible, estresado, que sufre los dolores de una úlcera (no podía ser de otra manera). Rodrigo de la Serna está magnífico en su papel.
"No peleamos por cualquier libertad.", dice el General. Buenos Aires le retacea fondos, le quita apoyo político, pero él y los demás héroes de la Revolución latinoamericana están dispuestos a quedarse en pelotas ("como nuestros paisanos, los indios") con tal de llevar su sueño hasta las últimas consecuencias. No pelaban por cualquier libertad. Ciertamente no por la libertad que le interesaba al malnacido de Rivadavia en Buenos Aires: la libertad de comercio, la mirada puesta en Europa.
Escribo ésto y mientras escribo voy pensando que algunas cosas no cambian y que otras vienen cambiando desde hace doscientos años. Y cómo cuesta. Escribo en desorden, sabrán disculpar. Las cosas que cambian despiertan el desagrado de muchos: los que desprecian al desdentado, al cartonero que se caga de frío, a la negrada a la que se dignifica con la AUH y con el acceso igualitario a la tecnología y a la vivienda sin vinchucas. Esa negrada queda bien en el uniforme del Ejército Libertador. A los que la desprecian, el uniforme les queda grande. A quienes hicieron su fortuna usando sangre de gaucho y organizando el genocidio del indio, a esos deberíamos despreciar.
Ipiña ha filmado una gran película con un reparto excepcional de actores apenas conocidos (salvo De la Serna), con el esfuerzo de la provincia de San Juan, con un trabajo enorme y muy bien hecho de los técnicos, de los talentosísimos vestuaristas, de los artistas digitales. Prescinde de la imagen edulcorada, como debe ser: la montaña es durísima, la guerra también.
Hay quien dice que a este país lo hizo grande "el campo". Mentira. A este país, grande o pequeño, lo forjaron los descastados. A las revoluciones las hacen los pueblos.
Hay que verla con los hijos, señalarles los colores de la piel de los héroes. Mis hijos son cuyanos, les sobran motivos para estar orgullosos.
Abrazos

Sunday, June 5, 2011

"¿Adolescente? Sí. ¿Broma? No." ("Hard Candy" - David Slade, 2005)


El título de esta película, protagonizada por la increíble Ellen Page ("Juno", "Inception"), es ya todo un acierto. La expresión en inglés, es literal: es algo dulce pero muy difícil de morder.
Hayley (Ellen Page) es una chica de catorce años que conoce a un señor llamado Jeff (Patrick Wilson) en una sala de chat virtual. Recordemos que la peli es de 2005, y que las redes sociales eran una novedad a la que la gente no estaba enganchada masivamente. Pero ya se veían venir los fenómenos que podían generar. Básicamente la película toma el caso de una relación virtual que pasa a concretarse, como decíamos entonces, IRL: In Real Life. Cuando estas cosas suceden, la relación adquiere matices inesperados, como cualquier relación que cambia. Los sujetos pasan a tener rostros, gestos, voces. Y pasan a cometer actos, que de eso se trata en este caso.
En el caso de "Hard Candy", podemos imaginar que Jeff, un fotógrafo de 32 años que le propone a la joven encontrarse, llevarla a casa y tomarle unas fotografías, es por lo menos un poco perverso. Hasta aquí no nos equivocamos. Y hasta aquí lo que podemos imaginar, porque en adelante no haremos más que sorprendernos. Y temer. Porque "Hard Candy" da mucho, mucho miedo. Fundamentalmente dan miedo las cosas que quedan ocultas.
El trabajo con el color es magnífico: rojos, verdes, azules muy definidos, sin transiciones: en "Hard Candy" hay muy pocos matices. Las luces son prácticamente quirúrgicas, como los diálogos. Se trata de una película con dos personajes, por lo cual la acción (que no cesa ni un instante) se sostiene gracias a la cámara (lo que muestra y lo que no muestra, cómo lo hace: se adivina mucho videoclip) y fundamentalmente a las actuaciones de Page y Wilson.
Sugiero procurarse copañía silenciosa y cálida para verla. Para beber, cerveza Chimay. Roja, de preferencia, pues viene al caso.
Saludos