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Monday, April 25, 2011

"No soy una chica." ("Déjame entrar", de Tomas Alfredson, 2008)



Hace unos días nos lamentábamos con un amigo de lo bajo que ha venido a caer el viejo y querido vampiro desde que cayó en manos de Anne Rice, quien vino a cubrir con una pátina de aceitoso glamour y densas cucharadas de miel un mito que no hace falta decorar. Ya bastante torturado está el pobre No-muerto, bastante misterio acarrea, demasiadas restricciones tiene su existencia como para venir a pedirle que tenga buen aliento y que cace a sus presas pura y exclusivamente a fuerza de seducción. El mito empalagoso ha tocado definitivamente fondo con la saga "Crepúsculo", donde los vampiros son adolescentes metrosexuales apenas pálidos que se pasean bajo los rayos de Febo como si tal cosa, y que no tienen ni la decencia de asustarse ante un crucifijo.
Aquí traigo esta película sueca, que por supuesto los yanquis han debido de adaptar y filmar ellos mismos, así que lo primero será decir: A no confundirse. El original sueco se titula "Låt den rätte komma in", y puede encontrarse por ahí incluso subtitulado. En inglés se titula "Let the right one in", y en castellano, en un alarde de imaginación, se le dio el original título de "Criatura de la noche". Pero el título original hace referencia a una de las tantas restricciones del vampiro: no entrará a tu casa a menos que lo invites a pasar.
Pero la película de Alfredson lo que cuenta es la historia de dos niños de doce años, Oskar (Kåre Hedebrant) y Eli (Lina Leandersson), que se conocen durante una noche muy fría en un parque blanco y triste de un suburbio de Estocolmo. Oskar proviene de una familia proletaria, vive sólo con su madre y va a una escuela pública donde es víctima de abuso por parte de sus compañeros. Eli, por su parte, vive con un misterioso caballero que bien podría ser su padre. Los niños, la amistad que se va tejiendo entre ellos, el sufrimiento de Oskar por el maltrato al que se ve sometido, su necesidad de comunicarse y la frialdad que todo lo envuelve, van creando una atmósfera narrativa de ritmo sosegado pero sostenido (de ningún modo "lento") que atrapa desde los títulos de presentación. La música merece un aplauso aparte: preciosa y oportuna. Y lo mismo los importantísimos personajes secundarios, que quedan bien definidos.
La historia está narrada casi totalmente en base a recursos puramente clásicos: Contraste de planos picados y contrapicados, planos abiertos, barridos, contraste entre luces heladas y ámbitos cálidos y diálogos absolutamente verosímiles donde se nos ahorran cosas tales como "Los álamos, 1983". No. Si el señor Alfredson quiere situarnos en los albores de los '80 lo hace recurriendo a una dirección de arte perfecta (muebles, atrezzo, música, e incluso el bloque de apartamentos donde transcurre la mayor parte de la película) y a un vestuario logradísimo. También nos ahorra muchísimos efectos digitales, porque es hábil y sabe una verdad de perogrullo: Dan mucho más miedo un par de ojos que se empiezan a dibujar en la oscuridad y de repente no están, que una horrible cara deformada por Photoshop. Y no seguiré comparando aunque me tiente la idea.
En resumen, la "Déjame entrar" sueca es una muy buena película para ver la víspera de un día en el que no debamos madrugar.
Saludos

Thursday, April 21, 2011

"¿Qué son dos metros? ... Un viaje imposible." ("Mar adentro", de Alejandro Amenábar)

El problema conmigo es qu eviví más o menos de cerca el drama de Ramón Sampedro, y que no he podido sino hasta ahora dimensionar la grandeza de (para mí) la mejor película de este inmenso director que es Amenábar.
Ramón es tetrapléjico y busca morirse. Para él, la vida a la que está condenado es una indignidad, y quiere ser digno.
"Se tiró justo cuando la resaca llevaba el agua... y tronchó el cuello". Ramón va dignificando cada momento a base de un humor negro al que sólo él tiene derecho. El mejor de los derechos. Lleva treinta años teniendo derecho. Treinta años desde que "tronchó el cuello contra la arena". ¿Será posible morirse, si uno elige eso?. Uno aprende a llorar riendo. Javier Bardem está magnífico como Ramón. Belén Rueda hace algo muy, muy bello. Y Rosa, Rosa... Mujer buena, mujer valiente. Qué bien, qué bien.
Si bien la película cuenta la historia (real) de Ramón Sampedro, un tetraplégico que lucha por su derecho a una muerte digna, lejos de ser un canto a la muerte, está llenísima de vida. Es una película viva, y todo lo que aparece es vida.
"¿Cómo va a querer morir alguien, con esos ojos?".
Cuando uno mira la vida desde una camilla que otro lleva y no uno, tiene ganas de que eso acabe. Porque vivir es demasiado, demasiado hermoso.
Como extra, Amenábar nos regala un destello de la diversidad española, con el bello canto gallego, la lengua catalana y el castellano unificador. Algo que, también, estaba demasiado cerca como para apreciar.
Hay algo que no es cierto. Y es eso de que uno ve las cosas más importantes que ha vivido. Lo cierto es que allá no hay nada más que nada. Ramón Sampedro, sin embargo, habla de de Ramón Sampedro. Habrá tenido la suerte de ver algo. Será porque tenía unos años por delante para vivir. "¿Es verdad que no sientes nada?". La vida está allí, aquí. Adelante.
Por favor, yo sé que uno no quiere ver películas tristes. Yo lo sé. Pero por favor, hagan el esfuerzo y van a ver lo linda, lo linda, lo linda que es esta película.
Abrazos

Thursday, April 14, 2011

¿Quién mató a la chica? ("The Gift", Sam Raimi, 2000)

"Premonición" es el poco feliz título en español de esta peli con Cate Blanchett, Greg Kinnear y Katie Holmes. El reparto se completa con Keanu Reeves, Hillary Swank y algunos otros muy buenos actores que solemos ver en pelis de Sam Raimi. Y su Oldsmobile amarillo del '73.
Porque Sam Raimi vuelve para pintar al pueblo chico y al infierno grande.
El guión es de Billy Bob Thornton, y según cuentan es un poco autobiográfico. La mamá de Billy Bob, dicen, era vidente.
Annie Wilson (Blanchett) vive en un pequeño pueblo en el que no puede haber secretos. O mejor dicho, en el que todo el mundo conoce parte de las miserias de los demás e inventa el resto. En un pueblo en el que todos tienen secretos bien guardados, secretos que serían capaces de defender a cualquier precio. Pero ¡ay! Annie tiene el poder de penetrar en los secretos de los demás.
Viuda desde hace un año, se mantiene, a ella y a sus tres hijos, gracias a los "donativos" que recibe a cambio de echar las cartas a la gente del pueblo. Pero un buen día es convocada por el escéptico comisario para ayudar a localizar a una chica perdida (Katie Holmes). Como es fácil de prever, todas las historias de la pequeña comunidad están entrelazadas, y el caso de la chica perdida no es la excepción. El crimen, que ya se adivina, tiene implicancias personales para Annie.
Si bien es una peli de "quién es el asesino", hay que destacar que a esta historia un poco trillada Raimi la pule y le otorga un brillo que sólo los grandes pueden. Y es que el querido Sam lustra el film mediante la renuncia de la piedad, en todos los sentidos. Viene de dirigir "Evil dead" y sus secuelas. No va despeinarse por ser cruel con sus personajes, y si la Blanchett se tiene que aguantar golpes en el cuerpo y en el alma, que así sea. Y si un niño debe sufrir... pues la vida, hijo mío, es durísima. Los locos carecen de ciertos pruritos morales, y Raimi no lo ignora.
Pero además, pinta la aldea de manera bella: los planos, los barridos, la luz, son perfectos. La narración es brillante, puro contraste entre la belleza del bosque y la decadencia de la tumba. Puro cine.
¡Oh, horror! ¡Me acabo de descubrir como fan de Sam Raimi! Debí haberlo sabido cuando, hace un treintena de años, me fascinó "Evil dead". O cuando, hace una semana, me quedé sin aliento con "Drag me to hell".
Vean "The Gift" con las luces atenuadas, mientras disfrutan de un Rioja joven (o un tempranillo de San Juan, según) y un poco de queso bien curado.
Abrazos