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Tuesday, November 30, 2010

"El jefe de todo esto" ("Direktøren for det hele")

Al arrancar nomás, el director de "El jefe de todo esto" nos advierte que andaba con ganas de contar una historia graciosa y sin profundas implicancias. Una comedia livianita en la que no vale la pena bucear buscando el halago intelectual. Bien a lo Lars Von Trier.
Ravn (Peter Grantzler) es el presidente de una empresa, y está a punto de venderlo todo y de despedir a sus empleados. Pasa todos los días, pero es el caso que Ravn jamás ha sido capaz de dar la cara y hacerse cargo de sus decisiones ante sus subordinados. Ha convencido a todos de la existencia de un "Dueño" de quien él no es más que un mero intermediario condenado a ejecutar decisiones inapelables. "Pobre Ravn".
Pero en esta oportunidad, "El Jefe de todo esto" debe hacerse presente, para lo cual Ravn contrata a un actor, Svend (Jens Albinus). Desde aquí comenzarán a revelarse los enredos que ha ido urdiendo el "pobre Ravn", que no ha dudado incluso en hacerse donar dinero por sus empleados. Y créanme que es lo de menos.
Muy bien la actriz Iben Hjejle (la van a recordar  de "Alta fidelidad", con John Cusack, del que haremos una maratón muy pronto) y el absolutamente hilarante personaje del islandés Finnur, que detesta a los daneses. Los diálogos entre Ravn y Svend son una maravilla. Y aunque se lucen todos, Jens Albinus brilla como el que más.
En fin, que nadie se sienta tentado de finas interpretaciones. El propio Von Trier lo advierte más de una vez. Cualquier semejanza con los fingimientos de la vida diaria es casual coincidencia.

Monday, November 29, 2010

"Días sin huella" ("The lost weekend")

Buenas.
Qué divertido el señor Billy Wilder, incluso metiéndose con esta historia de suicidio. Se ríe Billy de la redención. No hay tal cosa. No hay.
El protagonista es Don Birman (Ray Milland), escritor alcohólico que lleva poco más de una semana sin probar una gota de licor, y está cada vez más cerca de sucumbir a la peor de las recaídas. Tenemos a la novia redentora, Helen (Jane Wyman), quien piensa que a fuerza de querer uno puede salvarse de los monstruos. Tenemos a otros personajes entrañables (el enfermero Bim es mi preferido), y tenemos a Nueva York vista desde los suburbios. Se la ve lejana e impávida ante la caída irremediable de Don. Parece que es lo único que va a quedar en pie después de este fin de semana en el cual el protagonista va a escaparse hacia algo peor que la muerte. Es un personaje aborrecible, egocéntrico, lleno de desprecio y odio de sí mismo. Brillante Ray Milland.
Billy Wilder necesita dar un rodeo para poder disfrazar el sin salida con un discurso moralista que le permita distribuir la película. Hay que ser consciente de que el film es de 1945, con el fantasma de la prohibición todavía desvaneciéndose. Época de posguerra, caza de brujas, reafirmación del Imperio como tal. ¿Cómo contar que el futuro no luce prometedor en ese contexto? Nos disfrazamos de Frank Capra y tiramos para adelante, a caballo de la esperanza más inútil e infantil. Y quien quiera oir que oiga.
Dan ganas de dejar de verla y a la vez dejar de verla es imposible, como toda pesadilla que se precie de tal.
Hasta más vernos.